“Kleingartenkolonien” o “Jardines para todo quisqui”

Qué los alemanes están hechos de otra madera salta a la vista. Qué orden, qué carriles bici, ¿y por qué no aceptarlo? Qué jardines. A continuación me propongo contar un ejemplo de cómo los espacios verdes trabajan directamente en un factor menos comentado en los discursos de nuestros dirigentes de lo que nos gustaría: nuestra felicidad.

En mitad del mismo Berlín y perfectamente integradas en los barrios de la capital Alemana se encuentran las Kleingartenkolonien, 73.000 pequeñas parcelas, de nombre impronunciable pero exquisitamente cultivadas, puestas a disposición de los ciudadanos por la ridícula cantidad 340€ anuales (340 metros cuadrados de parcela más casita para aperos incluida). Un auténtico remanso de paz floral y vegetal, hábitat de zorros, caracoles, abejas, germanos cervecita en mano y gran cantidad de pájaros e insectos.

Kleingartenkolonien

El origen e historia de los kleingarten se remonta a mediados de 1900, cuando una iniciativa pública propuso dedicar zonas de la ciudad para permitir a los niños pobres jugar en ambientes más saludables que los sucios y contaminados barrios que surgieron tras la industrialización. Más tarde y en tiempos de guerra, su principal función fue proporcionar alimentos a la población. A día de hoy sus ciudadanos disfrutan de estos oasis verdes para el cultivo y sus relajadas reuniones sociales.

A pesar de que Berlín está experimentando un boom inmobiliario sin precedentes (los precios de bienes raíces en el último año han aumentado más del 10%) esta ciudad aún permanece como una de las ciudades más verdes de Europa. No obstante los jardineros urbanos de la ciudad están sintiendo el apretón de los promotores. Los espacios verdes de la ciudad se han convertido en objeto especulativo para los inversores inmobiliarios. Actualmente alrededor de 19 colonias de jardines están amenazadas, mientras que más de 1.000 parcelas han sido eliminadas desde 2007. Gran parte de la ira se centra en el senador por el desarrollo de la ciudad de Berlín, Michael Müller.

Kleingartenkolonien

Aún a riesgo del signo de los tiempos, estas parcelitas forman parte del ADN de esta magnífica ciudad y el sonido del riego automático, las barbacoas (siempre que la climatología lo permita) y el zumbido de insectos reemplaza el estruendo de la vida urbana convirtiendo, ahora sí, carros en calabazas, cláxones en sosegantes trinos y farolas o semáforos en tilos y abedules. Vaya usted a comparar.

Nos consta que la climatología ibérica es más propicia al secarral que a los frondosos bosques, pero si bien ellos plantan frambuesas, acianos, abedules o abetos, nuestros jardines podrían estar llenos de olivos, cítricos, higueras, don diegos, crespinillos, genista o infinidad de especies más propias de nuestras latitudes.

Kleingartenkolonien

Invitamos a la administración a luchar a contracorriente. Sabemos que nuestros vecinos del norte nos llevan al menos 50 años de ventaja pero,  ¿no sería hermoso convertir descampados o tierras yermas en espacios de disfrute para todos los ciudadanos? ¿Votos a favor?

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